miércoles, 8 de febrero de 2017

Planificación: Debilidad de los Latinoamericanos.



Los latinoamericanos "planifican mucho y después no les sale nada", fue lo que dijo José Mujica luego de la firma de los ejemplares del libro "Una Oveja Negra al Poder" en República Dominicana.

Tal vez una de nuestras principales debilidades es la planificación, pero eso no significa necesariamente que no planifiquemos. Podemos estar hablando también de planes poco realistas que finalmente no se cumplen. Y es que la gestión tradicional implica en su mayor parte un trabajo de escritorio, en el que se analizan rendimientos teóricos de mano de obra, equipos y maquinaria. Luego con toda esa información se elaboran grandes cronogramas llenos de tiempos y recursos, lo que no está mal. Pero…


Pero luego, en el mejor de los casos, éste llamado plan maestro es entregado al equipo del proyecto para que lo “valide”, obviamente con un tiempo considerablemente menor al tiempo que tomo la elaboración de dicho plan. Al final, se lo imprime y sirve como una “prueba” de que se planificó. En realidad un adorno estático en la oficina de obra. Un adorno al que se le presta poca o ninguna atención. Jeff Sutherland lo expresa así: “Lo normal en la planificación con diagramas de Gantt es no cumplir los plazos y pasarse del presupuesto de forma desastrosa.

Ahora bien, es imposible que los planificadores con un horizonte de 6, 12 o más meses puedan armar planes realistas. No son videntes o adivinos. Y es que la mayoría de constructores, los pequeños y medianos, carecen de un sistema de gestión que les permita elevar su productividad y mejorar su eficacia en cuanto a resultados. Trabajan de manera reactiva, resolviendo los problemas conforme aparecen, sin una adecuada planificación e incluso sin objetivos claros para todos.


Lo óptimo es aterrizar ese plan maestro conforme se acerca el momento de ejecutar los trabajos y en colaboración con quienes los ejecutan. Si el mundo es dinámico, necesitamos sistemas dinámicos también. Esa es la base del sistema del último planificador que divide el proceso en tres etapas: plan inicial, plan intermedio y plan a corto plazo. Una de las mayores ventajas de este sistema es que se basa en la manera en que la gente trabaja, no en cómo dice que trabaja. Por lo tanto el plan deja de ser teórico y los objetivos de calidad, tiempo y costo se vuelven más reales.

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