Los latinoamericanos
"planifican mucho y después no les sale nada", fue lo que dijo José
Mujica luego de la firma de los ejemplares del libro "Una Oveja Negra al
Poder" en República Dominicana.
Tal vez una de nuestras
principales debilidades es la planificación, pero eso no significa
necesariamente que no planifiquemos. Podemos estar hablando también de planes
poco realistas que finalmente no se cumplen. Y es que la gestión tradicional
implica en su mayor parte un trabajo de escritorio, en el que se analizan
rendimientos teóricos de mano de obra, equipos y maquinaria. Luego con toda esa
información se elaboran grandes cronogramas llenos de tiempos y recursos, lo
que no está mal. Pero…
Pero luego, en el
mejor de los casos, éste llamado plan maestro es entregado al equipo del
proyecto para que lo “valide”, obviamente con un tiempo considerablemente menor
al tiempo que tomo la elaboración de dicho plan. Al final, se lo imprime y
sirve como una “prueba” de que se planificó. En realidad un adorno estático en
la oficina de obra. Un adorno al que se le presta poca o ninguna atención. Jeff
Sutherland lo expresa así: “Lo normal en la planificación con diagramas de
Gantt es no cumplir los plazos y pasarse del presupuesto de forma desastrosa.”
Ahora bien, es imposible que
los planificadores con un horizonte de 6, 12 o más meses puedan armar planes
realistas. No son videntes o adivinos. Y es que la mayoría de constructores,
los pequeños y medianos, carecen de un sistema de gestión que les permita
elevar su productividad y mejorar su eficacia en cuanto a resultados. Trabajan
de manera reactiva, resolviendo los problemas conforme aparecen, sin una adecuada
planificación e incluso sin objetivos claros para todos.
Lo óptimo es aterrizar ese
plan maestro conforme se acerca el momento de ejecutar los trabajos y en colaboración
con quienes los ejecutan. Si el mundo es dinámico, necesitamos sistemas dinámicos
también. Esa es la base del sistema del último planificador que divide el
proceso en tres etapas: plan inicial, plan intermedio y plan a corto plazo. Una
de las mayores ventajas de este sistema es que se basa en la manera en que la
gente trabaja, no en cómo dice que trabaja. Por lo tanto el plan deja de ser
teórico y los objetivos de calidad, tiempo y costo se vuelven más reales.


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