Mark Zuckerberg fundador de
Facebook dijo: “El mayor riesgo es no tomar ningún riesgo. En un mundo que
cambia muy rápidamente, la única estrategia que garantiza fallar es no tomar
riesgos”. Y es cierto, el pensar en un mundo sin riesgos es mentirnos a
nosotros mismos. Buscar situaciones sin riesgos solo nos lleva a la inacción.
Pero ¿A quién le gusta correr riesgos?, ¿Al director de proyecto? Nada más
falso que eso. ¿Al cliente?, menos! No en vano Warren Buffet dijo que “las
personas muy exitosas dicen NO a casi todo”. Es porque evalúan los riesgos.
Ahora bien, en un proyecto
de construcción estamos habituados, cuando se habla de riesgos, a pensar únicamente
en seguridad industrial. Y claro que es un tema ineludible, pero además, podemos
encontrarnos con riesgos comerciales, operacionales, técnicos, financieros, e
incluso políticos y regulatorios.
Una herramienta sencilla para
gestionar los riesgos de un proyecto es la Matriz Probabilidad – Impacto. Con
ella podemos definir las amenazas a las que debemos prestar más atención y tomar
decisiones para actuar sobre ellas. En otras palabras las priorizamos y
elaboramos un plan de respuesta. Con esta matriz podemos incluso cuantificar el
tamaño de un fondo para contingencias en caso de que alguno de estos eventos se
dé.
Los pasos a seguir
recomendados por la Guía del PMBOK son:
- Identificar los riesgos,
- Hacer un análisis cualitativo y cuantitativo (Matriz P–I),
- Elaborar un plan de respuesta, y
- Dar seguimiento y control al plan.
El hecho de no dar
importancia a la gestión de los riesgos, puede significar para el proyecto:
pérdidas económicas, reducción de la calidad, complicaciones operativas, entre
otros problemas. Pero sobre todo por fallas de seguridad: pérdidas humanas, que
es una de las más graves amenazas que sufre nuestro sector por las características
del trabajo que realizamos.
Con una adecuada gestión vamos
a conseguir reducir los riesgos del proyecto, tomar decisiones correctas para
evitarlos, mitigarlos o transferirlos a terceros que están mejor preparados
para ello. Y así, llevar al proyecto al cumplimiento de sus objetivos.
El project manager puede
ser arriesgado, tener una alta tolerancia a la incertidumbre, pero no es un
aventurero. Es un profesional que sabe que los riesgos no se “corren”, se
gestionan. Él sabe que debe identificar las oportunidades y amenazas que hay en
el entorno para adoptar estrategias adecuadas que le permitan terminar con
éxito el proyecto. Y asume ese reto con absoluta responsabilidad.



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